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Y todo aquel que por mí haya dejado casa o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna (Mt 19, 29)… Porque debemos morir a nosotros mismos, inclusive, para poder tener vida en Aquel que nos la entregó.

Y es que, mientras más le damos a Dios, más no regala Él, porque la generosidad de Dios es infinita, no tiene límites, no se puede calcular; o es que podemos decir o calcular el porcentaje que Dios nos retribuye cuando nosotros le damos? Y si dejamos nuestra familia podemos saber cuantas familias más nos dará? De lo que sí podemos estar seguros es que nada nos faltará y tendremos con creces aquello que le demos a Él.

Por tal motivo, mis amadísimos hermanos, entreguemos todo cuanto nos pide el Señor, no guardemos sólo para nosotros aquello que nos pida, dejemoslo todo por seguir el Evangelio, porque hay mayor felicidad en las cosas eternas que en los bienes terrenos.

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