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El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña (Mt 20, 1)… Y es que desde el principio de la humanidad, Dios ha estado buscando trabajadores para su Reino, siempre ha querido que la humanidad tenga algún representante de Él aquí en la tierra, en el principio fue a los patriarcas, luego suscitó jueces, luego profetas y ahora a todos los cristianos.

A cada uno de los trabajadores de su viña Él le paga aquello que Él mismo crea conveniente, que al final es la misma paga, la vida eterna, vivir con Él y en Él; no importa en que momento de la historia Dios nos llama a servirle, no importa en que momento de nuestras vidas nos hace la invitación para trabajar por Él, lo importante es hacer el trabajo que Él nos pide, llevar el Evangelio a todas partes.

Así que, mis amadísimos hermanos, aceptemos con generosidad y amor el llamado que Dios nos hace, porque la recompensa de ello será la salvación de nuestra alma, será vivir la vida eterna junto a Él, será sentir el amor eterna y plenamente.

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