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El Reino de los Cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo (Mt 22, 2)… Ya ese banquete está preparado, ese banquete está servido, y lo vivimos todos los días, lo vivimos cada día en la Eucaristía, que es la boda de Cristo Jesús, el Hijo de Dios Padre.

Y para este banquete han sido invitado, primeramente los judíos que fueron el pueblo escogidos por Dios, que no quisieron aceptar tan sublime alimento, luego fueron invitados los gentiles, los pecadores, los marginados, los excluidos de la salvación, ese pueblo que no tenía posibilidad alguna de conocer al verdadero Dios y por la misericordia de Él fuimos llamados a participar de esta fiesta celestial.

Así que, mis amadísimos hermanos, preparemos constantemente nuestro corazón para que celebremos esta gran fiesta, vistamos nuestro espíritu dignamente para que podamos participar de este banquete, no rechacemos esta invitación que nos hace el Padre, sino que aceptemosla con humildad y amor.

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