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Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente (Mt 22, 37)… Como todo judío, Cristo Jesús sabía muy bien que ante todas las cosas primero está Dios, primero hay que entregarle todo a Él, y con éstas palabras tomadas del libro del Deuteronomio resume los tres mandamientos referentes a Dios, y prosigue diciendo: y el otro es tan importante como el primero, amarás al prójimo como a ti mismo.

Y es que para dar verdadero cumplimiento al primer mandamiento debemos cumplir a cavalidad el segundo, donde se resumen los otros siete, porque, como dice el Apóstol, como podemos amar a Dios a quien no vemos si no amamos a nuestro prójimo a quien vemos? Si realmente amamos a Dios, ese amor se refleja amando sin medida al prójimo, ese amor se da, como dice San Pablo, sin medida, lo perdona todo, lo soporta todo, lo aguanta todo.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no demos paso ni cabida a la maldad ni al odio, más bien, abramos las puertas de nuestro corazón al amor, porque quien ama tiene a Dios en el corazón y en su vida, quien ama lleva el camino de Cristo Jesús.

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