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Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida (Jn 6, 55)… Y es que para muchos esta afirmación es un escándalo, y se preguntarán: como voy yo a comerme la carne de alguien, como voy a beberme su sangre? No son acaso los caníbales quienes se comen y se beben la carne y la sangre humana?

Pero la carne y la sangre de Cristo son comida y bebida que llenan el espíritu, son el alimento del alma, son la bebida y la comida necesarias para recobrar fuerzas y así poder seguir adelante, la carne y la sangre de Cristo no es motivo de escándalo para el cristiano, al contrario, son motivo de alegría y salvación, y el cristiano que pueda comer el cuerpo y pueda beber la sangre y no lo hace, de alguna manera niega a Cristo, le es motivo de escándalo.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, que vamos a decidir hoy? Nos escandalizaremos porque nos comemos el cuerpo y nos bebemos la sangre de Cristo? Echaremos para atrás a esta exigencia de Él para nuestra salvación? O, simplemente, aceptamos este nuevo estilo de vida que Él nos propone? Dejaremos que Él sea nuestro pan, nuestro camino y nuestra vida? Diremos con San Pedro: a donde iremos si tu tienes palabras de vida eterna?

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