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El Espíritu del Señor está sobre mí; él me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva (Lc 4, 18)… Y es que, a través del bautismo, hemos sido configurados con Cristo para anunciar el Evangelio a todas las personas, hemos recibido el Espíritu Santo que nos impulsa a llevar esa buena noticia a todo aquel que la quiera recibir.

Porque Cristo nos ha llamado a cada uno de nosotros para ser partícipes de su misterio de salvación, no ha llamado para que seamos protagonistas con y en Él de una nueva humanidad, de una humanidad más humilde, más servicial, más colaboradora, más dada a los necesitados, más pendiente del bien común que el suyo propio, que acepte a todas las personas por igual.

Así que, mis hermanos muy amadísimos, dejemos que ese Espíritu que se nos ha dado fluya y trabaje en nosotros, vivamos llenos de alegría para que podamos llevar el mensaje de salvación a todas las personas, tal y como Cristo lo anunció, tal y como María Santísima lo aceptó, tal y como los santos lo transmitieron.

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