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Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5, 10)… Después de un encuentro cercano con Cristo Jesús, y ver que Él puede hacer cualquier cosa para salvarnos, para buscarnos y sacarnos de la inmundicia donde nos encontramos, pero lo que más llama la atención es que nos llama por nuestro nombre, directamente a cada uno de nosotros nos llama para hacer un trabajo muy específico.

El ser pescadores de hombres no se da sólo a los ministros ordenados de la Iglesia, sino a todo cristiano cuando se nos invita a proclamar la Buena Noticia a todas las naciones, cuando se nos invita a vivir el Evangelio con nuestras vidas, cuando se nos invita a dar testimonio del amor de Dios en cada uno de nosotros por la manera de hablar, por la manera de vestir, por la manera de actuar, por la manera, incluso, de pensar; de muchas formas somos cada uno de nosotros pescadores de hombres, cada uno de nosotros estamos en la obligación, por el bautismo, de llamar a otras personas a formar parte de la Iglesia que Cristo fundó y dónde Él está derramando constantemente su gracia santificadora y salvadora.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, dejémonos encontrar por Cristo Jesús, dejémonos amar por Él, dejémonos curar por Aquel que nos ha dado la vida, para que así podamos llevar esa Buena Noticia del amor de Dios a cada persona que se encuentre a nuestro alrededor, para que cada persona encuentre y vea en nosotros al mismo Cristo Jesús.

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