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Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios (Lc 6, 20)… Y a que pobres se refiere Jesús? A los que no tienen que comer? A los que no tienen bienes materiales? Si es cierto que muchos de estos pobres entrarán en el Reino de Dios, pero no todos, porque no todos estos pobres lo son delante de Dios, algunos de estos pobre son más avaros que cualquier rico, porque mientras más cosas tienen más cosas desean tener, y la pobreza de corazón no se basa en los bienes que tenemos sino en abandonarse en las manos de Dios, y dar todo cuanto tenemos a Dios, en vaciar nuestro corazón y quedarnos únicamente con ese amor que Dios nos da.

Y es que, el pobre de corazón, el humilde, el sencillo, vive el día a día con ese amor que Dios le proporciona, se abandona en sus manos y deja que Él lo guíe, hereda el Reino de Dios porque no tiene nada que lo ate a las cosas de este mundo, es un alma totalmente libre y dispuesta a hacer todo aquello que el Señor le indique, quien es pobre de corazón resalta sobre las demás personas porque vive feliz y vive siempre lleno de esperanza.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, si queremos llegar a ser pobres de corazón, debemos empezar a escuchar la Palabra de Dios, debemos dejar que Ella se quede en nuestros corazones, debemos dejar que actúe en nosotros, para que así la podamos vivir y la podamos compartir con nuestros hermanos, con nuestros amigos, con nuestros vecinos, con nuestro prójimo; vivamos en constante oración, porque en ella encontraremos y viviremos la vocación a la que Dios nos ha llamado; y sigamos el ejemplo de la Santísima Virgen María, quien es la pobre de corazón por excelencia, dejó que la Palabra de Dios entrara a su corazón y aceptó con humildad el llamado que Dios le hizo.

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