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Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: “Merece la pena que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha constituido una sinagoga” (Lc 7, 4-5)… Para muchos hermanos, la intercesión no es posible o simplemente no vale la pena porque podemos comunicarnos directamente con Dios, y Él nos concederá el favor que le pedimos, pero en este pasaje podemos ver claramente como Jesús acepta una petición por medio de una intercesión de algunas personas.

Y verdaderamente podemos pedirle directamente a Dios, pero Él ha querido enseñarnos que podemos utilizar a los ángeles y a los santos para que intercedan por nosotros, así como nosotros mismos podemos interceder por los demás, y esto no quiere decir que Dios escuche o no a unas personas,  lo permite para que podamos practicar el amor entre las personas, para que podamos preocuparnos por nuestros semejantes.

Así que, mis hermanos muy amados, practiquemos las obras de caridad, seamos constantes en la oración, pidamos e intercedamos por nuestro prójimo, especialmente por aquellos que tienen un cargo público importante, para que el Señor les ilumine y sigan el camino del bien, para que su corazón no se apegue a las cosas materiales, y ejerza sus funciones rectamente.

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