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Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno, y dan fruto (Lc 8, 15)… En ese tipo de tierra es donde debe caer la semilla de la Palabra de Dios, una tierra preparada para recibir esa semilla, un corazón dispuesto, un corazón abierto para recibir aquello que el Señor le quiera decir.

Porque quien recibe la Palabra de Dios y la acoge en su corazón y la hace vida en su vida, dará frutos abundantes, en cambio, quien no prepara su corazón, quien no está atento a aquello cuanto el Señor le diga, no podrá dar fruto, precisamente porque su corazón no está dispuesto a recibirla, porque su corazón no ha tenido el tratamiento adecuado para poder aceptar el mensaje de salvación.

Por tanto, mis amados hermanos, estemos dispuestos a recibir la Palabra de Dios, preparemos debidamente nuestro cuerpo, nuestro espíritu, nuestra mente y nuestro corazón para que el Evangelio pueda penetrar hasta en nuestra historia y pueda transformar nuestra vida, y así podamos dar frutos abundantes, frutos de vida eterna.

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