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Hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos (Lc 9, 38)… Por qué prohibirle a alguien que no predique o proclame la Palabra de Dios? Por qué negarle la posibilidad a una persona de no anunciar a Cristo Jesús? Como dijo Moisés: Ojalá que todo Israel fuese profeta.

Y que es ser profeta? No es anunciar la Palabra de Dios? No es ser testigo de ese amor que Él nos tiene? No es imitar la vida de Cristo Jesús? Ser profeta no es acaso predicar aquello que el Señor nos dice? Y, si alguien está llevando la Palabra de Dios a las demás personas, por qué negarle esa posibilidad?

Por tanto, mis hermanos muy amados, en vez de señalar a las personas que están haciendo un bien, señalémonos a nosotros mismos que no hacemos éso, revisémonos y preguntémonos si las cosas que estamos haciendo son para el bien de la Iglesia, si son para el bien de la comunidad, si son para el bien del prójimo, si en verdad nosotros llevamos la Palabra de Dios a los demás.

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