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Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven (Lc 10, 33)… Porque todo aquel que sigue a Jesús ve todas las maravillas que Él realiza, observa todos los prodigios que Él hace en medio del pueblo escogido de Dios, como expulsa a los demonios, como sana a los enfermos, como tiene la potestad de perdonar los pecados.

Y es que, si seguimos su voz, si hacemos caso a su llamado, podremos no sólo ver los prodigios que Él hace, sino que esos mismos prodigios los podemos hacer nosotros por la gracia que Él nos da, por la fuerza del Espíritu Santo que se nos ha dado mediante el bautismo y que se sella definitivamente esa fuerza con el sacramento de la confirmación.

Por eso, mis hermanos amadísimos, llevemos la Palabra de Dios, vivamos con alegría el anuncio de su Palabra, dejémonos maravillar por sus acciones, permitámosle que Él actúe en nosotros para que nosotros también podamos hacer esas maravillas que Él hace, para que de esa manera podamos ser verdaderos instrumentos suyos.

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