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Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan (Mc 10, 14)… Y es que los niño son seres inocentes, puros, limpios, frutos del amor de Dios y, en la mayoría de los casos son concebidos por el padre y la madre, que se entregan el uno al otro, en un acto libre y amoroso.

Una entrega que desde el inicio de la humanidad Dios los bendice diciendo: “El hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos serán una sola cosa”, y por esa razón no existe el divorcio, porque cuando Dios une el hombre no puede separar; y, además, creó al hombre y a la mujer, para que los dos sean uno, no creó dos hombres ni dos mujeres, porque el complemento del hombre es la mujer y viceversa.

Así que, mis amadísimos hermanos, seamos como niños, no que seamos niños, imitemos su humildad, su sencillez, su bondad, porque quienes sean como ellos podrán ver el Reino de Dios, y para una convivencia matrimonial ser sencillos y humildes permite que la relación sea más plena, permite que la en la familia reine la paz y el amor de Dios, reine la armonía y la comprensión.

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