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Señor, enséñanos a orar (Lc 11, 1)… Es una petición que le debemos hacer todos los días, que nos enseñe a orar, porque en la oración encontramos a Dios, oculto en el silencio pero realmente presente en medio de aquellos que quieren orar con Él.

Porque, por medio de la oración, no sólo podemos darle gracias por todo lo que queramos o pedirle por una necesidad particular sino que también podemos ser intercesores de otras personas, aunque Él siempre nos escucha y sabe nuestras necesidades, es un bien para nosotros mismos acudir a la oración, en ella se crea un vínculo de amistad, una relación de Padre e hijo, un vínculo de amor tan estrecho y tan fuerte que luego no se puede vivir sin orar.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, seamos constantes en la oración porque de ella obtenemos muchos frutos, no dejemos de pedirle a nuestro Señor, Cristo Jesús, quien nunca dejó de orar, quien nunca dejó de comunicarse con el Padre, quien nos enseñó como orar y el significado de la oración y su poder.

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