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He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! (Lc 12, 49)… Y cuál es ese fuego que vino a traer? Por qué habla de divisiones en la familia, si Él es el amor pleno? Por qué profetiza de esa manera?

No es acaso porque debemos primero obedecerle a Él y luego a los hombres? En parte, esas divisiones se dan por la misma soberbia del hombre, de no querer aceptar que Dios es primero que todo, y cuando nos fue enviado el Espíritu Santo comenzamos a ver un poco más claras las cosas, y con ese fuego que envió Cristo Jesús, que es el mismo Espíritu Santo, nos entrega ese amor incondicional que Él tiene, nos da la oportunidad de que nos amemos tal como Él lo hizo, así como nuestro Padre Celestial lo demuestra en cada momento.

Por eso, mis amadísimos hermanos, siempre que sigamos a Dios primero que a los demás seremos perseguidos, seremos señalados, nos querrán desacreditar para apartarnos de ellos, pero el Espíritu Santo se nos ha dado para que en ese seguimiento a Dios ante todas las cosas podamos amar a todo aquel que nos quiere apartar de los demás.

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