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Cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo (Lc 14, 33)… Porque ese apego a los bienes, cualesquiera que sean, no permite la entrada al Señor a nuestro corazón, porque ese apego a los bienes les resta espacio en nuestras vidas a Cristo Jesús, porque estaremos más pendientes de esos apegos que del mismo Jesucristo.

Claro está, que no podemos eliminar todos los apegos de una vez, debemos ir haciéndolo poco a poco, y en la medida que lo hacemos nos podemos dar cuenta que nuestra vida van fluyendo mejor, a medida que vamos eliminando peso a la cruz que llevamos vamos viendo que la vida en Cristo Jesús es mucho más fácil, los problemas serán más fácil de resolver, las situaciones difíciles son más fáciles de llevar.

Así que, mis amadísimos hermanos, evaluémonos constantemente, revisémonos periódicamente y detectemos cuales son nuestros apegos, descubramos las cosas a las cuales nuestro corazón se inclina, para que las podamos eliminar y Nuestro Señor Jesús pueda habitar cada vez más y más en nuestro corazón y podamos vivir el Evangelio libremente.

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