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Los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir (Mc 12, 44)… Y es que, para entregarle todo al Señor es necesario la humildad, reconocerse limitado y que en Él y con Él lo obtendremos todo, en la humildad reconocemos también las maravillas que Dios hace por nosotros, vemos como Él no nos abandona y nos lleva de la mano.

También para entregarle todo al Señor es necesario tener fe, porque tenemos que confiar plenamente en Él, porque entregarle todo es quedarse sin nada, es quedarse vacío para que Él pueda entrar en nuestras vidas por completo, es eliminar todo apego que tenemos de los bienes materiales para recibir y apegarnos a bienes espirituales, que nos llevan a la vida eterna, a vivir en el amor de Dios mediante la entrega, el servicio, la donación de sí mismo a los demás.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, veamos qué le entregamos a Dios, si aquello que nos sobra o todo cuanto tenemos, revisemos si le entregamos lo mejor de nosotros o aquello que no sirve de nosotros, porque sólo en la medida que nos vamos revisando y que vamos entregando y despegándonos en esa medida nos vamos ir llenando de la presencia de Dios en nuestras vidas.

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