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Mientras iban caminando, quedaron limpios de la lepra (Lc 17, 15)… Y es que los leprosos eran personas excluidas de la sociedad, eran personas a quienes nadie se les podía acercar y casi que nadie les podía hablar porque quedaban impuros, quedaban contaminados de esa enfermedad y no se podía socializar con otras personas por siete días, mientras se hacían los actos respectivos de purificación.

Pero Cristo Jesús rompe con ese precepto civil, habla con los leprosos, los toca, los cura, así como nos cura a cada uno de nosotros del pecado, y somos capaces de agradecerle? Somos capaces de alabarlo? Somos capaces de proclamar su obra salvadora en nosotros? Somos capaces de transmitir su mensaje de salvación, el Evangelio, la Buena Noticia?

Por tanto, mis amadísimos hermanos, recordemos siempre que Cristo Jesús siempre sale en nuestro auxilio, siempre responde a nuestra súplica, recordemos también el darle gracias por todas las maravillas que ha hecho por nosotros y en nosotros, porque continuamente derrama su gracia para nuestra salvación y su gloria.

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