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Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc 19, 9 – 10)… Y que se había perdido? Que fue aquello que vino a buscar Cristo Jesús? No fue, acaso, a los pecadores? Y la ley, no estaba ya tergiversada? Y no vino también a colocar orden a las cosas que no la tenía?

“Hay más alegría en el Cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos”, fue a ese pecador que vino a buscar, a cada uno de nosotros que por nada caemos nuevamente en el pecado, murmurando contra el hermano, deseando los bienes y las parejas de los demás, matando, robando, sin buscar a Dios… “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, vino también a restaurar la Ley, de los 613 mandamientos que tenían los judíos sólo dos son los importantes, porque amando al prójimo cumples los siete mandamientos para con el prójimo, y amando a Dios sobre todas las cosas cumples con los tres para con Dios.

Así que, mis amadísimos hermanos, cada uno de nosotros, por medio de la fe, somos hijos de Abraham, por medio del bautismo somos parte de esa descendencia que Dios le prometió, y por eso, Jesús vino también por nosotros, para rescatarnos de la muerte eterna y darnos su vida para nuestra salvación.

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