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Yo les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos (Lc 21, 3)… A pesar que está dando algo material, se ha desprendido de todo cuanto tiene, y no sólo algo material sino que ha dado eso poco que tiene para vivir, es decir, ha entregado hasta su vida y la ha puesto en las manos de Dios, se ha abandonado a su divina providencia.

Esa es la gran pequeña diferencia entre las personas dan todo lo que tienen con respecto a los que dan con pomposidad, dan para que las demás personas los vean, para que las demás personas los alaben y les den honores, dan de aquello que les sobra, porque no han conocido verdaderamente a Dios y no han experimentado el amor que Dios nos tiene, no han querido ahondar en la infinita misericordia y en la bondad de Aquel que nos ha amado tanto que hasta entregó la vida de su Hijo para nuestra salvación, para nuestra liberación de la esclavitud del pecado y de la muerte.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no entreguemos a Dios aquello que nos sobra, mas bien, démosle todo cuanto tenemos a Él, porque es tan generoso que no permitirá que nada necesario nos falte, no permitirá que nuestra vida desfallezca, entreguemosle toda nuestra vida, y veremos la verdadera felicidad cara a cara.

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