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Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados (Mt 11, 28)… Porque, quién nos aliviará verdaderamente del cansancio? Quién verdaderamente cargará con nuestro trabajo si no es Aquel que quiso colgar del madero por nosotros? No fue Él quien ha entregado su vida por completo para que nosotros descansemos en Él mismo, en su misericordia, en su bondad, en su amor?

Claro, que cada uno de nosotros debemos trabajar para la edificiación de la Iglesia de Dios, que nosotros debemos ser pescadores de hombres, debemos llevar ese amor que Dios nos ha entregado a los demás hombres que no lo conocen a Él, para que sientan que Dios realmente los ama y quiere que le conozcamos tal cual es, misericordioso, humilde, bondadoso, compasivo.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, ahora que ha iniciado en año jubilar de la misericordia, primeramente, vivamos ese amor infinito que Dios nos tiene, perdonemos en todo tiempo a aquellos que nos han hecho algún mal, transmitamos a nuestros semejantes el amor y el perdón que se nos ha dado y, a ejemplo de la Santísima Virgen María, seamos humildes de corazón y dejemos que Dios habite en nosotros, porque sólo Él es capaz de darnos el verdadero descanso.

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