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José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María (Mt 1, 20)… Y por qué no recibimos a María? Por qué dudamos de ella? O es que no creemos en la acción del Espíritu Santo que realizó en ella? Recibir a María es recibir a Jesús, recibir a María es aceptar la redención, recibir a María es aceptar la gran obra salvadora de Dios para nosotros.

Y que es lo más interesante? Si Dios quiso nacer de ella, quienes somos nosotros para no aceptarla? Si Dios la predestinó desde todos los tiempos para vivir en medio de nosotros, porque la atacamos tanto? Y no sólo quiso nacer de ella sino que también le colocó un protector, al patriarca San José, y así pertenecer a una familia.

Así que, mis amadísimos hermanos, recibamos con humildad a la Santísima Virgen María en nuestra morada, abramos las puertas de nuestro corazón a su llegada, recibamosla con felicidad y entusiasmo en nuestra vida para que, así como enseñó a Jesús a comunicarse con el Padre, nos enseñe a nosotros a seguir los pasos de su Hijo y nos enseñe a ser humildes como ella lo es.

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