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Hoy les ha nacido en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor (Lc 2, 11)… Y ya hace más de dos mil años que sucedió este acontecimiento, y se actualiza en la Iglesia cada año, pero no como un mero y simple recuerdo del nacimiento de una persona cualquiera, fue Dios mismo quien quiso encarnarse para vivir en medio de nosotros y quedarse hasta la eternidad.

Porque Él verdaderamente nació de Santa María Virgen, nació según la ley judía de la época, nació en una situación bastante precaria y austera, en un simple pesebre, entre los animales, y los primeros visitantes fueron unos pastores que estaban cerca del lugar, es decir, no se presentó nadie rico y adinerado, no le quisieron dar posada, quiso nacer en la humildad y no en la grandeza, quiso las cosas más sencillas y no las extravagantes, y así quiere nuestro corazón, sencillo, sin lujos ni apegos, humilde, para morar allí siempre.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, que este tiempo de adviento que vivimos nos haya servido para preparar nuestro corazón, y que en esos corazones humildes se siembre la paz y la felicidad que viene de parte de Aquel que nos creó y que quiso hacerse hombre como nuestros, para que por medio de Él llevarnos a Dios, y que en este tiempo de navidad sea para nosotros tiempo de amor y reconciliación con Dios y con nuestros hermanos, que el egoísmo y el resentimiento queden en el olvido, y reine Cristo Jesús en medio de su pueblo, con armonía y paz entre nosotros.

Feliz Navidad y un próspero año nuevo 2016!

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