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Él les contestó: “Por qué me buscaban? No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” (Lc 2, 49)… Toda persona que lea este pasaje pensará que Jesús no cumplió con el cuarto mandamiento, que no honró a su padre y a su madre, pero podemos observar claramente que hizo primero aquello que todo cristiano debe hacer, amar a Dios más que todas las cosas, incluso más que a sus padres, y después de cumplir con Dios  cumplió con todo aquello que San José y la Santísima Virgen María le ordenaban.

Y mientras más obedecía a sus padres más crecía en sabiduría y en gracia ante Dios, porque quien obedece a sus padres Él mismo prolonga los días de nuestra vida en la tierra, y todo bien que hagamos a nuestros para Dios no lo olvidará, porque quien honra a sus padres, los ama y los respeta tendrá muchas bendiciones, acumula tesoros en el Reino de los Cielos y sus plegarias serán escuchadas, son promesas que Dios mismo nos ha dejado para que vivamos felices.

Así que, mis amadísimos hermanos, primero que nada hagamos la voluntad del Padre, creador del cielo y de la tierra, a Él debemos nuestra principal atención, y no dejemos de servirle a aquellos que con un acto de verdadero amor nos trajeron allí mundo, quienes Dios utilizó de instrumento para darnos vida, amemos a nuestros padres, que gracias a ellos hemos podido llegar a donde estamos, que gracias a su paciencia, su entrega, su dedicación y su amor hemos podido conocer el amor que Dos nos tiene a nosotros.

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