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Él les dijo: “Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías” (Jn 1, 23)… Esto es Juan el Bautista, así se describe él de sí mismo, es quien prepara el camino de quien viene detrás de él, él no es el Mesías sino quien anuncia a quien viene detrás de él.

Esto es lo que deben hacer los verdaderos profetas, no adjudicarse el título de Mesías porque no lo son, sino que deben preparar el camino para la llegada definitiva del Señor, a quien no somos dignos de desatarle la correa de su sandalia, como dice al principio el Evangelista, Juan vino a ser testigo de la luz, pero él no es la luz sino testigo de ella, y eso es lo que somos cada uno de nosotros los cristianos, somos testigos de la luz, somos testigos del amor de Dios en medio de nosotros, su pueblo, somos testigos de las maravillas que hace en cada momento de nosotros.

Por eso, mis amadísimos hermanos, seamos verdaderos profetas, seamos anunciadores de la Buena Noticia de Cristo Jesús, seamos luz que alumbra el camino hacia Jesús, seamos esos trabajadores que tanta falta hacen aquí en la tierra para seguir edificando el Reino de los Cielos, seamos comunicadores de ese mensaje de salvación que tanta falta hace a las personas hoy en día, que viven en el desespero, en la tribulación, en la oscuridad, en la soledad.

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