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Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?” (Mt 2, 1 – 2)… Ya desde su nacimiento, Jesús se manifiesta a todas las naciones, a judíos y no judíos, a los gentiles, a las personas que no creen en un sólo Dios, a todos los pueblos, a todas las razas.

Como dice el apóstol, en Él los dos pueblos se hicieron uno sólo, y no tan sólo con su muerte, sino también desde su nacimiento vino la salvación al pueblo no judío, ya desde su nacimiento el muro que separaba al pueblo elegido por Dios de los no creyentes fue derribado, y se demuestra con esta manifestación a los magos del oriente, pero primeramente ya se había manifestado a los pobres de Israel, a los pastores, a quienes no tenía nada, a los más sencillos, y luego se presentará a todo el pueblo judío.

Así que, mis amadísimos hermanos, vivamos firmes en la fe, actuemos como verdaderos hijos de Abraham, porque por medio de Cristo Jesús somos parte de esa promesa echa una vez a nuestro padre en la fe, creamos en ese Dios que se hizo hombre, a quienes los magos le llevaron oro, incienso y mirra, para adorarlo como el Rey de toda la historia, como verdadero Dios y verdadero hombre.

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