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Pero él les habló enseguida y les dijo: “¡Animo! Soy yo; no teman” (Mc 6, 50)… Que difícil es vivir sin la ayuda de Dios en nuestras vida! Apenas nos viene un problema y no somos capaces de enfrentarlo solos,  en la mayoría de los casos hasta nos desesperamos y damos gritos desgarradores, incluso, nuestra vista se nubla y no vemos con claridad las cosas.

Es tanto así, que vemos venir a Cristo Jesús en nuestra ayuda y pensamos cualquier cosa menos que es Él quien viene en nuestro auxilio, es tanto el miedo que nos invade que en vez de ver a Cristo Jesús, vemos cualquier cosa, pensando que vemos fantasmas o espantos, y muchas veces no caemos en cuenta o no tomamos conciencia que Él es más grande que todos los problemas, no nos limpiamos los ojos para ver esta realidad y que Él siempre saldrá en nuestro favor y nos sacará de nuestras angustias.

Así que, mis amadísimos hermanos, coloquemos nuestra confianza en Aquel que sí está de nuestro lado, en Aquel que ha venido a saciarnos de nuestra hambre espiritual y material, Aquel que es más grande que todas las cosas y que es capaz de disipar nuestros problemas y llevarnos a puerto seguro, porque nos ama y no quiere que nos perdamos en nuestra soledad y nuestros pecados.

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