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Simeón tomó al niño en sus brazos y alabó a Dios (Lc 2, 31)… Porque toda persona que pueda tener a Cristo Jesús en sus manos, no dejará de alabar a Dios, todo aquel que tiene la oportunidad que tener a Cristo Jesús en sus brazos no dejará de darle gracias a Dios, porque en Él podrán ver la gloria del Padre, que siendo Dios se rebajó para hacerse uno con nosotros.

Y es allí donde vemos la grandeza de Dios, que se encarnó en la persona de Cristo Jesús, para que cada vez que lo tengamos en nuestras manos tomemos conciencia que Él ha venido para nuestra salvación, Él ha venido para darnos vida en abundancia, ha venido para mostrarnos el rostro de nuestro Padre celestial.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, alabemos constantemente a Dios, especialmente cuando asistamos a la Eucaristía, porque había podido ver a nuestro Señor Jesucristo, el mismo a quien el Padre celestial ha presentado a todos los pueblos para la salvación, elevemos siempre alabanzas al Dios de la vida y del amor porque nos ha anunciado su mensaje de salvación.

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