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Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: “Ésta es una generación malvada” (Lc 11, 29)… Y es que la gente, incluso hoy en día, quiere ver todo el tiempo, no está conforme con los hechos que ya han sucedido, sino que quiere estar corroborando todo el tiempo los hechos con su propios ojos.

El Apóstol Santo Tomás nos representa muy bien después de la resurrección del Señor cuando dice: “Si no meto mis manos en su costado y no meto mis dedos en los agujeros de los clavos, no creeré”, y así cada uno de nosotros pedimos señales para creer, y no necesitamos más señales que aquellas que se han dado, se han sanado enfermos, se han expulsado demonios, ciegos han visto, cojos han caminado bien.

Así que, mis amadísimos hermanos, no busquemos más señales de la que vemos todos los días cuando el mismo Espíritu Santo transforma el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, abramos nuestro corazón a la obra magnífica de Dios, y creamos en Aquel que es más sabio que el rey Salomón.

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