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Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti” (Lc 15, 18)… Este domingo es un poco diferente al resto de los domingos de cuaresma, se le llama dentro de la Iglesia domingo de letare o de alegría, porque nos enseña la gran misericordia que tiene Dios para con nosotros, nos enseña como Él nos recibe siempre con los brazos abiertos.

Pero para eso debemos reconocernos, con sinceridad, pecadores, debemos reconocernos que estando con Él estaremos mucho mejor que viviendo fuera, debemos reconocer que hemos pecado contra Él y acercarnos al sacramento de la reconciliación, a este sacramento donde hasta los ángeles se alegran por cada persona que se haya convertido y busque la reconciliación con el Padre.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, acerquémonos sin miedo a este sacramento tan maravilloso que BID ha dejado Cristo Jesús, para reconciliarnos con el Padre, acerquémonos sin temor ni prejuicios a los brazos abiertos eternos de Cristo Jesús, clavado en la cruz, previamente por esos pecados que hemos cometido.

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