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Jesús dijo a los judíos (que lo perseguían por hacer curaciones en sábado): “Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo” (Jn 5, 17)… Y para comprobar que es verdad, sólo debemos ver a nuestro alrededor, miremos la naturaleza, observemos con cuidado como adorna de colores las plantas, como viste de gala a las flores, como hace cantar a las aves.

Así mismo trabaja todo el tiempo Cristo Jesús, curando a los enfermos, sanando a los más heridos, pero sobre todo perdonando, perdonando a todas las personas de las faltas que cometemos, de nuestros pecados, sin importar el día y la hora, porque lo importante es la salvación de las personas, lo importante es que lleguemos a contemplar cara a cara el rostro de Dios.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no nos aferremos a leyes que nos llevan a la muerte, liberémonos de esas ataduras que no nos llevan a ninguna parte, más bien aferrémonos a la Ley que nos da la vida eterna, esa Ley que nos ha dejado Cristo Jesús, a la ley del amor, de la entrega, del perdón, de la reconciliación.

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