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Juan no hizo ninguna señal prodigiosa; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad (Jn 10, 41)… Y Juan no vino a hacer señales prodigiosas, vino únicamente a preparar el camino al Salvador; Juan ni era el esperado, él sólo era el último profeta que anunciaría su llegada inminente, y por eso todo cuanto decía del Mesías era cierto, porque para eso vino, a dar testimonio de la verdad.

Y la verdad está en aquel que cree en la Palabra de Dios, en aquel que cumple la voluntad de Dios, en aquel que acepta en su corazón el plan de Dios y lo pone en práctica, en aquel que da testimonio vivo y real de la presencia de Dios en su vida.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, tomemos la decisión cruzar el Jordán, no nos quedemos sentados esperando que ocurran maravillas, porque las maravillas se darán cuando decidamos cambiar de vida para bien, cumpliendo la voluntad de Dios.

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