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Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor (Mt 1, 24)… Una gran cualidad que llevan los santos, la obediencia; con obediencia Abraham todo y salió a lugares inhóspitos, con obediencia Moisés libero a todo un pueblo de la esclavitud, con obediencia los Profetas llevaron el mensaje de salvación a un pueblo duro de corazón, con obediencia José aceptó a María y salvar así a quien hoy es nuestro Salvador.

Y, aunque José no dice ni una palabra en las Escrituras, ya se le conocía por justo, por noble, por piadoso, por querer hacer siempre las cosas según Dios y no según sus pensamientos, y así, protector del Hijo de Dios, la Iglesias sabiamente lo ha adoptado también como su protector, Él que cuido de su Hijo físicamente, lo sigue cuidando místicamente, por ser la Iglesia el cuerpo místico de Cristo Jesús.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, pidamos con especial devoción a este padre especial nuestro, sigamos y adoptemos sus cualidades, la obediencia, la piedad, la nobleza de corazón, para que así podamos entender también la vida de Cristo Jesús, y la podamos poner en práctica también nosotros.

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