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Uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” (Mt 26, 14 – 15)… Quién entregó verdaderamente a Jesús? Acaso fue sólo Judas? Nos hemos puesto a pensar seriamente que cada uno de nosotros también lo entregamos? Nos hemos puesto a pensar que cada vez que caemos en el pecado lo entregamos?

Pero la misericordia de Dios es infinita, el amor que Cristo Jesús nos tiene supera todo, porque Él quiso ser crucificado por ti y por mí, para salvarnos y sacarnos del mal donde estamos, nadie entregó a Jesús, Él mismo se entregó hasta el final, porque quiere estar reconciliado con nosotros siempre, porque quiere lo mejor para nosotros, porque quiere que vivamos en la casa del Padre, porque quiere que todos lleguemos a la luz, a la verdad y a la vida.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, vivamos ese amor que Cristo Jesús y Dios Padre nos tienen, cada vez que entreguemos a Jesús, acudamos a la confesión, cada vez que crucifiquemos a Jesús acudamos al Sacramento de la reconciliación, que lo ha instituido precisamente para eso, para que podamos estar unidos a Él siempre.

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