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No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna (Jn 6, 27)… No nos preocupemos tanto por el alimento que sacia nuestro cuerpo, Dios mismo se encargará de entregarlo a nosotros, más bien, preocupemonos por conseguir el alimento espiritual, ese alimento que satisface el espíritu, ese alimento que nos da fuerza cada día para seguir adelante.

Y cuál es ese alimento? Jesús mismo lo dice en el Evangelio: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo, quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”, y sólo hay un lugar donde podemos conseguir ese alimento espiritual, en la Eucaristía.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, asistamos a la Eucaristía, busquemos de ese pan que nos salva, comamos el Cuerpo y bebamos la Sangre de Cristo que son para nosotros comida y bebida de salvación.

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