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Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo (Jn 17, 3)… Ya lo recitamos en el Credo cuando decimos: “Creo en un sólo Dios, Padre todopoderoso”, porque uno es nuestro Dios, uno es el Creador de todas las cosas, visibles e invisibles, y una debe ser la gloria que se le debe dar a Él, y la gloria perfecta que se pudo hacer la han hecho por nosotros, nuestro Señor Cristo Jesús.

Porque con su entrega en la cruz, Aquel que no tuvo pecado, Aquel que no cometió crimen alguno, Aquel que es el Cordero sin mancha, se ofreció a sí mismo para cancelar la deuda que teníamos con el Padre, y entregándose de esa manera lo glorificó, le entregó aquello que le correspondía, un Sacrificio perfecto, que sólo el Hijo lo podía hacer.

Así que, mis amadísimos hermanos, participemos activa y constantemente de ese Santo Sacrificio que hizo Cristo Jesús en la cruz, participemos realmente del Santo Sacrificio que se actualiza todo el tiempo en la Eucaristía para que así glorifiquemos a Dios en la Oblación perfecta, agradable al Padre, para nuestra salvación y la remisión de nuestros pecados.

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