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Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?” (Mc 10, 2)… Para esto debemos preguntarnos primero, existe el divorcio?  Es posible separar algo que Dios ha unido o ha hecho una sola cosa? Es posible separar un cuerpo en dos partes “iguales” y ambas partes seguir viviendo?

Si Dios bendice a una pareja y de ellos dos hace una sola persona, por qué el ser humano se empeña en separarse de su otra mitad del cuerpo? Y si se separa de su otra mitad, simplemente no podrá vivir tranquilo porque siempre le faltará esa otra parte de su cuerpo, ya que Dios unió a esas dos personas en una sola, el ser humano no podrá separar ese cuerpo nuevo que Dios ha creado.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, no seamos piedras de tropiezos en los matrimonios, al contrario, oremos fervientemente para que esos matrimonios puedan vivir unidos por siempre, hasta que la muerte los separe, pidamos incesantemente para que no hayan separaciones en los matrimonios a causa de terceras personas que todo cuanto hacen es intentar romper algo que Dios ha hecho nuevo.

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