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Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse (Lc 15, 7)… Cuánto tiempo no está Cristo Jesús detrás de nosotros, buscándonos cada momento que nos desviamos del camino?

Y cuando nos dejamos encontrar, cuando volvemos al camino de la salvación, la alegría que se forma en el cielo es incomparable con todo aquello que podamos sentir en este mundo.

Por tanto, mis amadísimos hermanos, arrepintámonos de nuestras faltas, pidamos perdón por nuestros pecados al Señor, dador de vida y de misericordia, que siempre está pendiente de nuestras vidas porque quiere nuestra salvación.

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