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Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: “No llores” (Lc 7, 13)… Dios no está apartado de nuestros sufrimientos, es un Dios que busca siempre mejor para nosotros, tiene compasión de nosotros, se une a nuestros sufrimientos, sufre con nosotros, se conmueve por nuestra aflicción y nuestro dolor.

Dios no se aparta ni huye a un lugar donde no lo veamos, al contrario, es cuando más cerca de nosotros está, aunque en esos momentos de sufrimiento es cuando menos sentimos, realmente es cuando más está obrando, es cuando más cuida de nuestra vida.

Así que, mis amadísimos hermanos, no creamos ni pensemos que Dios se aleja de nuestro dolor, al contrario, dejemos que Él se haga uno con nosotros en los sufrimientos, dejemos que Él actúe en nuestro corazón, dejemos que Él repare nuestras vidas, para que así podamos vivir la felicidad plena que sólo Él nos ofrece.

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