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No juzguen, para no ser juzgados (Mt 7, 1)… Ya el Apóstol lo dice en su carta, si juzgamos a nuestros hermanos nos convertimos en jueces y no en cumplidores de la Ley, y sólo uno es el Juez y Señor de la Ley, Cristo Jesús, quien se hizo semejantes a nosotros, menos en el pecado, quien no tenía culpa y por nosotros fue crucificado para nuestra salvación.

Además, que pasaría si señalamos a nuestro hermano? No nos señalarían también a nosotros mismos, y hasta por causas peores? Por qué, en vez de señalar y criticar al prójimo, no le corregimos con caridad en el error donde está? Por qué, en vez de hundirlo en la humillación y el descrédito, no le tendemos la mano y le acompañamos a tener una mejor vida o a guiarlo por un mejor camino?

Por tanto, mis amadísimos hermanos, antes de criticar a los demás, por qué no nos revisamos primero nosotros mismos y cambiamos nuestras malas acciones y actitudes? Llevemos a quienes están errando a Cristo Jesús, quien si nos puede juzgar, pero en vez de hacerlo nos ama y nos perdona para que sigamos caminando por el sendero de la salvación y de la vida eterna.

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