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​Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? (Mt 18, 12)… Así es el amor de Dios para con nosotros, o acaso no es semejante al amor de una madre, que sabiendo ella que su hijo está en malos pasos, no lo busca incesantemente para que cambie su conducta? Y si éste le hace un desaire, acaso no lo perdonaría? No busca ella incansablemente a su hijo pedido?
Pero el amor de Dios para con nosotros supera todo amor humano, no se cansa de buscarnos una y otra vez, hasta el punto de enviarnos a su Único Hijo, para que entregara para nuestra salvación, para reconciliarnos con el Padre, porque Él surgir está pendiente de nosotros, que ni nos extraviemos, que no nos salgamos del camino de santidad por donde Él quiere que transitemos.
Así que, mis amadísimos hermanos, busquemos siempre esa reconciliación con el Padre mediante sacramento de la confesión o reconciliación, seamos humildes como los niños y reconozcamos nuestras faltas, nuestros errores, nuestras culpas, y dejémoslas en las manos de Él, volvamos a su redil, al rebaño que Él quiso hacerse para llevarnos y tenernos en la vida eterna.

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