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​Lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano (Mt 18, 35)… Y es exactamente eso lo que pedimos cada vez que rezamos el Padre Nuestro “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, y si no perdonamos a quienes nos ofenden, cómo nos perdonarán?
De allí la respuesta que le da Jesús a Pedro, debemos perdonar hasta setenta veces siete, pero no usando las matemáticas, sino el símbolo bíblico que esto conlleva, que debemos perdonar siempre, y perdonar de verdad, de corazón, sin resentimiento, con generosidad, con amor, orando siempre por aquellas personas que nos hicieron mal, siendo humildes y reconociendo que nosotros también hemos hecho mal a otras personas.
Así que, mis amadísimos hermanos, vivamos con sinceridad y seriedad el cristianismo, no solamente amemos a quienes nos aman, amemos también a quienes nos odian, llevemos a todos lados la misericordia Dios, dando a conocer el verdadero sentido del cristianismo, con nuestras propias vidas, con nuestro ejemplo, con nuestro testimonio.

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