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​De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre (Mt 19, 6)… Esto es un milagro que pasa muy desapercibido, que entren dos personas y salgan las dos en una sola, y muchas veces aconsejamos (quienes se atreven a hacerlo) de separar lo que Dios ya ha unido.
O es que acaso se puede dividir el corazón en dos, físicamente, y seguir funcionando? O tal vez podemos separar un cuerpo en dos partes iguales, y éste seguir andando de la misma manera? Y si Dios fue quien estableció el matrimonio, porque el hombre lo quiere separar? Que lleva al matrimonio para que se quiera separar? Para que quiera morir de esa manera? En la mayoría de los casos la respuesta es el egoísmo, el querer pensar siempre en sí mismo, y no querer ver que aquello que uno hace le afecta al otro directamente.
Por tanto, mis amadísimos hermanos, luchemos incansablemente por la unión matrimonial, recemos incansablemente por aquellos matrimonios que se han constituidos, no seamos piezas de tropiezos en los matrimonios, al contrario, seamos cristianos que busquemos más y más la reconciliación entre las partes, llevemos el amor de Dios a esos hogares donde el matrimonio se ve fracturado por el odio y la desunión, para que vuelvan a unirse a ese sacramento tan maravilloso.

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